Vínculos de contrabando la Proveedora de socio de los López Beltrán bajo la lupa del FBI.


México. – 28/07/2026. – Portacelis Gas and Oil, una importadora de combustible ligada a Amílcar Olán, tuvo como proveedor a Ikon Midstream, empresa texana investigada por el FBI y por la FGR por haber abastecido a compañías señaladas de estar al servicio del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Ikon está en el centro del escándalo del huachicol fiscal, luego de que envió buques con millones de litros de combustible camuflados como aditivos para eludir el pago de impuestos. En abril de 2026, agentes federales catearon sus oficinas en Houston y decomisaron documentos de sus transacciones, incluidas las que realizaron con Portacelis, la empresa vinculada al amigo y colaborador de Andy y Gonzalo López Beltrán.
Una pipa cargada con 26 mil 119 litros de diésel cruzó la línea fronteriza el 4 de febrero de 2025, por la aduana de Matamoros. El registro quedó asentado como un movimiento ordinario, uno más entre cientos que circulan cada día. Pero ese contenedor tenía algo que lo distinguía del resto: era el primer cargamento de Portacelis Gas and Oil, una empresa tabasqueña fundada medio año antes por el contador de un personaje que, desde hace meses, flotaba en el centro del debate público: Jorge Amílcar Olán Aparicio, amigo íntimo de Andy y Gonzalo “Bobby” López Beltrán, los hijos del expresidente López Obrador.
El proveedor de ese primer cargamento también decía mucho. El diésel provenía de Ikon Midstream, una firma asentada en Houston que semanas después quedaría en el centro del mayor escándalo de huachicol fiscal, tras el decomiso de un cargamento de 10 millones de litros de diésel de contrabando que la empresa había introducido en el buque Torn Agnes por el puerto de Ensenada.

Ese embarcar en Ensenada se hizo casi a la par de que Hevi Transport LLC —otra firma texana involucrada en el huachicol, que ha compartido domicilio con Ikon— introdujo 20 millones de litros de diésel por Tampico. Los dos decomisos ocurridos simultáneamente a inicios de marzo de 2025, uno en el Pacífico y otro en el Golfo, son los que detonaron el escándalo del huachicol fiscal.
Ikon llevaba años registrando ante las autoridades aduanales que sus envíos correspondían a “aditivos”, “aceites” y “mezclas”, lo cual —según las investigaciones federales— sirvió para enmascarar combustible real y evadir impuestos.
Portacelis Gas y Petróleo había sido constituida el 6 de agosto de 2024 en Villahermosa, ante el notario Manuel Alejandro Cachón Silva. Así que cuando hizo su primera importación, estaba a dos días de cumplir medio año de vida. El hecho de que una empresa recién creada escogiera como su primer socio a Ikon no podía explicarse por el azar o la casualidad.
Cuando fueron creados, los socios de la empresa tabasqueña anotaron como administrador único a Juan Carlos de la Cruz Murillo, un contador que nunca había mostrado señales de manejar negocios energéticos, pero que apareció en numerosos documentos como hombre de todas las confianzas de Amílcar Olán, con quien venía trabajando desde 2018, cuando se desempeñaba como agente de ventas en su tienda de baños y azulejos.
El nombre de Juan Carlos se repetía una y otra vez en actas mercantiles: como administrador en Portacelis Gas and Oil; como comisario en Romedic, la empresa de Amílcar que recibió más de 490 millones de pesos en contratos de medicamentos financiados con recursos del Insabi; como accionista mayoritario de Poyago, la ferretera que en 2023 modificó su objeto social para vender medicamentos y, de esa forma, recibir 20 contratos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) por 344 millones de pesos; como titular del órgano de vigilancia en Inmobiliaria e Infraestructura Portacelis, constructora en la que Amílcar es dueño del 90% de las acciones; como socio fundador de Portacelis OC, junto con el abuelo materno de Amílcar , una sociedad que lo colocaba dentro del núcleo familiar del empresario tabasqueño.
Portacelis era un nombre recurrente en al menos tres empresas ligadas a la familia de Olán Aparicio. Y en el papel, Juan Carlos de la Cruz Murillo parecía un empresario multifacético al centro de las compañías que obtenían contratos millonarios o permisos estratégicos. Pero la dirección que él mismo registró en actas contaba otra historia.
Su domicilio, ubicado en la calle Constancio Valenzuela, en Cárdenas, Tabasco, era una vivienda sencilla, con una fachada deteriorada, ventanas pequeñas protegidas con herrería y una única lámpara expuesta sobre la entrada. Ninguna señal de actividad corporativa. Ninguna oficina. Ninguna infraestructura. Nada que permitiera imaginar que desde ahí operaba un hombre que aparecía como comisario, accionista mayoritario o administrador de empresas que movían millones de pesos por la venta de medicamentos y combustibles.
Ese contraste revelaba la naturaleza del entramado: De la Cruz Murillo no era un empresario, sino el operador contable de Amílcar Olán, el empleado de confianza que aparecía firmando donde otros no podían aparecer.
En ese contexto, el debut de Portacelis Gas and Oil adquiere un relevo distinto. No era solo la primera importación de una empresa nueva: era el primer movimiento de una compañía fundada por el contador del empresario tabasqueño que en audios grabados clandestinamente en investigaciones periodísticas decía recibir instrucciones directas de un hijo del presidente (Gonzalo) para explotar minas de balasto en Oaxaca o surtir materiales al Tren Maya; el mismo hombre que relataba negociaciones con funcionarios del IMSS-Bienestar; el mismo que en fotografías aparecía orgulloso como amigo de otro de los hijos de AMLO (Andy), al que su círculo presumía como parte de una red que abría puertas en proyectos públicos millonarios.
El primer proveedor de combustible de esa empresa vinculada al entorno de los López Beltrán —justo antes de que su nombre incendiara el sector aduanero— fue Ikon Midstream, la compañía texana que en días estaría ligada al mayor caso de contrabando de combustibles.




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