Verdades que acomodan e incomodan de Lorena


Lorena Reséndiz Mendoza
Los que dejaron huella.
septiembre 13 de 2021.
Existen personas dentro de la familia, conocidos, amigos, vecinos, que recordamos por no pasar desapercibidos, eso es lo importante, que la presencia se note, que exista alguien que recuerde a esas gentes maravillosas que permearon nuestra existencia compartiendo un poco de su esencia.
¿Quién no recuerda al abuelo regañón que era un tirano en la familia? Pero que también tenía sus ratos de debilidad, un nieto, un lugar, una comida, un hijo favorito. La tía escandalosa, que su risa causaba risa, la dramática que se la pasaba quejándose de todo, la comadre que le gustaba inventarle vidas a los demás, el tragón de la familia que arrasaba con todo, el cantante frustrado que en las fiestas cantaba a todo pulmón, el tío que bebía más de la cuenta y le salía lo endemoniado y se peleaba hasta con su sombra, la cuñada santurrona que presumía haber salido de blanco de su casta pura y casta, la hermana que decía ser la recogida del basurero, el adoptado, porque no le encontrabas parecido con nadie de la familia, la abuela que tejía y tejía prendas para los nietos, la que horneaba galletas y pasteles, la que diario iba a misa, comulgaba y saliendo del templo, tarde se le hacía para contar a la familia a quién había visto en oración pidiendo perdón por los pecados.
Se tiene presente a la oveja negra de la familia, quién se atrevió a romper los cánones establecidos, la divorciada, la dejada, la que se había convertido a otra religión, la que siempre estaba a dieta, los primos abusivos que destruían los juguetes, la presumida de la familia, la que no encontraba novio, la solterona y amargada, el solterón empedernido, el mujeriego que se escondía y todos sabían con quién andaba, la familia incomoda que se recibía porque tenía la misma sangre, el yerno mantenido, la nuera indeseable, el tío sabelotodo, la vecina rezandera que parecía espía de la CIA, el hermano inteligente que ponían de muestra a los demás, la artista fracasada, el hijo del compadre que se fue de mojado, las amigas de la abuela que se quedaban horas platicando y se aventaban el desayuno, la comida y la cena.
Como no recordar al borrachín del pueblo, que bailaba en la plaza un son imaginario, al cura, que cada domingo en su homilía, su sermón descalabraba a más de uno, al boticario que tenía un remedio para todo, al carnicero que nació enojado, al de los tamales que se le iban los ojos tras las muchachas, la señora que muy tempranito regaba su calle y la barría con esmero, las señoritas solteronas que cosían vestidos de novias, el vagabundo del pueblo, el maestro que decía que la letra con sangre entra, la señora que inyectaba, la doña que pedía siempre prestado, el marchante daltónico que a todas las veía güeras, la morena disfrazada de rubia, los parientes ricos, los parientes pobres, los compadres que cada domingo después del futbol alzaban la copa, el raro de la familia, los invitados que traían procesión, el amigo cómico que imitaba a los demás, los padrinos que cada domingo llegaban a visitar al ahijado y se quedaban a comer, los gorrones de la fiesta, la tía que se enojaba si no le hacían reverencias, la hermana que salió con su domingo siete, la viejita que se quedaba dormida en la fiesta, la llorona oficial de los velorios, el abogado, orgullo de la familia, el tío que fue a jurar para no tomar, las compañeras de la escuela, el viejito que contaba historias de la revolución, y así podría enumerar a más y más personajes que se cruzaron en el camino, que conocimos y que nos dibujan una sonrisa al recordarlos, y también tocar madera para no encontrarlos por ahí, pero que sin dudarlo, dejaron huella en el recuerdo, no pasaron de largo y seguirán vagando en la memoria. Trascender es dejar que otros hablen de ti, quizá no sepan tu nombre, quizá te recuerden por lo que dejaste, lo que hiciste, lo que no hiciste, al final todos dejaremos un poco de nosotros en la memoria de los demás.




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