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Pagos atrasados y bajos salarios, el día a día de la Unión de Construcciones Militares.

Foto del escritor: Emisor Queretaro
Emisor Queretaro
16 abr 2022
3 min de lectura


#Enterate #EmisorQuerétaro Noticias Internacionales.

29/10/2021

Cuando en octubre de 2019 la Unión de Construcciones Militares (UCM) finalmente contrató al joven William, albañil principal de una brigada que ha tenido a su cargo la construcción de varios hoteles en La Habana, le prometieron un pago mensual superior a los 10 000 pesos cubanos (unos 400 dólares al cambio oficial o unos 150 dólares al cambio real en la calle). No obstante, en el contrato firmado apenas se hablaba de un salario base de 785 pesos cubanos (CUP) más otro “pago por resultados” que, según las normas de la empresa, podría incrementarse hasta en más de diez veces con respecto al salario base.


Pero la realidad es que en casi tres años de trabajo, el joven obrero de 24 años jamás ha logrado cobrar más de 5 000 CUP en un mes, a pesar de ser considerado uno de los mejores trabajadores de su grupo y de contar con un promedio de más de 300 horas de trabajo al mes, lo cual hablaría de jornadas de más de 10 horas diarias y, así, supera de modo alarmante el límite de ocho horas establecido por la legislación laboral vigente en Cuba.


Según comenta William ―bajo condición de anonimato, ya que perdería el empleo como castigo por hablar con la prensa independiente―, llegó a la UCM en abril de 2017 como soldado del Servicio Militar Obligatorio, pero, después del par de meses que duró la preparación militar que en la Isla se conoce como “previa”, fue destinado a una brigada constructora militar en la que laboró hasta que fue desmovilizado de las Fuerzas Armadas en marzo de 2019.


Por sus habilidades como albañil le ofrecieron la posibilidad de trabajar en la construcción de obras para el turismo, aunque permaneciendo en su condición de soldado, lo cual le permitía pasar el tiempo de servicio un poco más alejado de la férrea disciplina de un campamento militar, casi con las mismas libertades de movimiento que un civil después de cumplida la jornada laboral, aunque sin los beneficios económicos de estos.


“Al soldado que va para la construcción prácticamente le pagan con el pase diario”, comenta William. “El salario es casi simbólico. En 2017 eran 254 pesos (mensuales), trabajando de lunes a sábado en turnos de más de 12 horas (…) por la mañana, por la noche y por la madrugada (…). Yo entré (en la UCM) cuando ya estaban casi terminando el (hotel) Packard y eso fue semanas sin parar; ahí no había domingo ni Día las Madres ni nada. (…) Los civiles más o menos podían escapar, pero a los soldados a veces nos daban 24 horas sin descanso, viendo cómo nos metíamos en un rincón a dormir cinco minutos, jugándole cabeza al jefe de brigada. Hubo un día que me amarré con sogas a un andamio para no caerme y así dormí. Nadie iba a pensar que yo estaba durmiendo allá arriba (…). Yo era gordito. Entré pesando 82 kilos y en esos tres meses (en el hotel Packard) me puse en 69 kilos, ya con eso te digo todo, porque la merienda y la comida eran para perros; y cuando daban algo más o menos bueno, la vendíamos en el Malecón”, asegura el joven obrero.


La dura experiencia narrada por William es de hace cuatro años atrás, cuando las condiciones económicas eran mucho mejores que ahora en 2021 con la crisis provocada en gran medida por la pandemia, de modo que pudiera haber empeorado la situación de los trabajadores contratados por las empresas estatales que construyen obras para el turismo, las cuales no se detuvieron ni en el peor momento del azote del coronavirus, aun cuando el sistema sanitario colapsaba por falta de recursos.


De acuerdo con otros testimonios recogidos por CubaNet, la explotación laboral de soldados, los bajos salarios y los impagos a trabajadores civiles continúa siendo parte del día a día de las empresas constructoras militares y, en medio de la inflación y los desabastecimientos, la situación se torna insostenible, lo cual ha influido en el aumento de la deserción laboral y, por ende, en la inestabilidad de las fuerzas contratadas.


“Hubo un aumento salarial y se quitaron algunas prohibiciones en cuanto al límite de las escalas salariales, pero en la concreta casi todo, en cuanto a salarios, sigue igual”, explica un funcionario de Recursos Humanos de la propia Unión de Construcciones Militares que, al igual que William, teme ser castigado por ofrecer información a la prensa.

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