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Motel Garage…

Foto del escritor: Emisor Queretaro
Emisor Queretaro
16 abr 2022
4 min de lectura


Augusto Sebastián.







CUBA: LA ISLA DE LA APETITOSAS MUJERES.



septiembre 07 de 2021.


Les vimos. Se vivían los años duros del período especial. Con la caída del bloque soviético, que derivó en el “Periodo Especial”, la vida cambió en Cuba. La gente no tenía que comer. El aguacate era un lujo y una libra de arroz costaba 60 pesos cubanos. Hombres y mujeres se enfermaban por falta de vitaminas y perdían hasta los dientes. Estaban allí esperando la guagua que los llevaría al Aeropuerto Internacional José Martí. Estaban afuera del Meliá Habana. Atrás habíamos dejado edificios de La Habana que se agrietan entre el olvido y pasado esplendor. El hotel se levanta frente al mar, en la elegante zona residencial de Miramar. Posee preciosos jardines, áreas abiertas y lobby iluminado con luz natural.


Un poco más allá hay un kiosco donde venden pollo frito y bebidas. Ahí trabaja Alina (por lo bajo la llaman 'la incorruptible). En días alternos. Esta de descanso. Le convencimos de que solicitara dos semanas de baja. Tiene los ojos verdes. O azules. Mulata. Las mulatas me tienen loco. Veinticinco años. Es madre soltera. Fue enfermera y es alegre, hasta cierto punto. Se licencio como enfermera pero le va mucho mejor detrás del mostrador. Controla bien a los clientes. Los mantiene a distancia. Conmigo había sido benévola. Me había sonreído dos o tres veces e inmediatamente la invite a salir porque me gusta coger el toro por las astas, sin dar vueltas a las cosas mientras le solicitaba un Habana Club edición especial. Sonrió dulcemente y me pareció una mujer encantadora. El mundo está lleno de mujeres encantadoras. Aparecen siempre. Alina colocó un pollo y una pizza en una jaba. Salió feliz. También salió con el ron entre sus manos. A la vista. A la vista de todos llevaba un ron que costaba el sueldo de un mes en Cuba.


A vivir la vida. Es mejor vivir aquí y ahora, le exprese. Y me agarro del brazo. Alina me gusta. Es muy desprejuiciada. Cuando no estoy enamorado me gustan casi todas. Me gustan las mulatas, me gustan las negras. Y ella me presento a sus amigas las intocables: Yunieska, y Yamilka. Muy alegres. Una mulata y unas negras. Muy desprejuiciadas. Les gusta la cerveza, el ron y cingar. Es un mecanismo de protección de la gente, de no volverse loco, de no coger demasiada lucha, es un dejar para mañana. Es un poco de filosofía. Esa alegría de vivir les sobra.

Son mexicanos dijo Yamilka. Andábamos de compras. Por una simpleza: Intimas. Durante muchísimos años no existió el papel higiénico. Usaban periódicos. Si se conseguían. Imprescindible en nuestra búsqueda un Habana Club edición especial y un cartón de cerveza Cristal. Cada tarde me bebía una botella de ron, a veces más. Me gusta beber. Hacía un calor y una humedad sofocantes.


Eliot Ness y su grupo en el Chicago de los años 30 se denominaban 'los intocables'. Frontalmente combatieron la corrupción galopante en la ciudad de los vientos, y mediante una argucia jurídica de evasión de impuestos llevaron a la cárcel al gangster Al Capone.


Aquel grupo de Chicago tiene una versión femenina en Cuba.


Caminábamos. Cuba tiene una luz deslumbrante y caliente. Los cubanos tienen la sangre muy caliente y unos deseos de gozar incorruptibles. Gente joven. Calor y humedad.


Se llama Gladys María Bejerano Portela. Es la Ministra de Auditoría y Control. O sea, la Contralora de la República. Licenciada en Ciencias Sociales, es vicepresidenta del Consejo de Estado y diputada por la provincia de Guantánamo. También lleva faldas su segunda al mando: Alina Vicente Gaínza.


De acuerdo a fuentes bien informadas, ahora mismo Gladys Bejerano es la enemiga número uno del descomunal aparato de burocracia y corrupción de un extremo a otro de la isla. Dicen que los corruptos tiemblan cuando ven aparecer a los inspectores de Bejerano. No es para menos. La corrupción se ha convertido en un estilo de vida de Cuba, como cualquier otro país y, está enraizada en todos los estamentos del quehacer isleño. Pero Alina y sus amigas no son incorruptibles ni mucho menos intocables. Son unas apetitosas jineteras. No describiré más acerca de ellas. Lo más íntimo y delicado de cada relación quedará siempre dentro de mí. El jineterismo es una avalancha poderosa que arrastra todo. El régimen cubano no acepta el ejercicio de la prostitución. Pero buena parte de los 2 millones de visitantes que anualmente ingresan a la isla, vienen deseosos de llevar a cabo sus fantasías sexuales con voraces, apetitosas y alegres cubanas.

Tres chicas, habituales a discotecas de moda, coinciden en afirmar que a ratos, las jineteras han sido más efectivas para la economía local que los discursos políticos. No pocos hombres de negocios han firmado contratos seducidos por la fogosidad de una voluptuosa criolla.


Casi todas las jóvenes que se prostituyen lo hacen en busca de una visa o un matrimonio con un extranjero. Cuando lo logran, suelen regresar convertidas en respetables señoras. Tan apetitosas que esos mexicanos se les fueron los ojos por la incorruptible y sus amigas las intocables. Al menos por el momento se olvidaron de las tremendas maletas que tienen que chequear. Pero se tuvieron que quedar con las ganas de cingar.


Los mexicanos estaban sentados sobre la banqueta. Tres cabrones mexicanos. Tres maletas. Tres tristes mexicanos. Chavos. Muy serios. Sacados de onda. Sin hacer nada, sin esperar nada. De ese modo, inconscientemente, construyen un caparazón que les protege. Un duro cascarón protector que aprenden a usar con mucha eficacia. Nuestro instinto nos hizo suponer que en esas maletas llevaban mucha ropa y chingaderas que querían cambiar por sexo. Otros mexicanos que habían caído en la mala leche de que las cubanas dan el culo por baratijas. Que hijos de putas esos mexicanos. Uno de ellos tuvo la gran idea de que con baratijas les iban a dar las nalgas. Las grandes ideas son idioteces. Todos sabemos que un fracaso, un error, nos enseña mucho más que un acierto, un triunfo. Por suerte, todos tenemos nuestra cuota de errores.


De repente empezó a llover. Con mucho viento. Un diluvio. Nos empapamos en un segundo. El agua nos refresca. Llegamos a la casa. Empapados. Con las intimas que tanto tuvimos que buscar por aquí y por allá. Compramos hasta para regalar jajajajaj. Alina y yo nos abrazamos y nos besamos. Estrechando bien juntos. Nos metimos a cingar.

 
 
 

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